
La impresionante explosión en el puerto de Beirut, la capital de Líbano, dejó un centenar de muertos y provocó destrozos en 6,21 millas -10 kilómetros- a la redonda.

Sumados a los 5 mil heridos y las 300 mil familias sin techo, los rescatistas todavía continúan en búsqueda de miles de desaparecidos.

El espectacular estallido ocurrió por el cargamento de un barco abandonado de bandera moldava, el cual había amarrado con 2.700 toneladas de nitrato de amonio en sus bodegas y estaba secuestrado por las autoridades libanesas.

“A causa del riesgo que significaba mantener este nitrato de amonio a borde de un navío, las autoridades portuarias descargaron la carga en un depósito del puerto”, explicó el jefe aduanero al diario L´Orient Le Jour.

Y el jefe de Aduana agregó: “Estaba stockeado en el hangar número 12 del puerto de Beirut. A su lado había un depósito de fuegos de artificio, al lado del nitrato que explotó”.

A pesar de las advertencias realizadas a las autoridades locales en los últimos años, la Justicia hizo oídos sordos y se vivió el peor desenlace para la sociedad libanesa.

Como consecuencia del siniestro, Líbano perdió más del 80 por ciento de su stock de granos y solo le queda reserva para un mes.

Debido a la preocupante falta de medicamentos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) envió un avión sanitario con insumos hospitalarios para atender a las víctimas.

Emmanuel Macron, presidente de Francia, fue el primer jefe de Estado en caminar por las calles de Beirut tras la tragedia y pidió "una investigación internacional abierta y transparente".

Por su parte, La Unión Europea enviará bomberos especializados en la búsqueda y Estados Unidos ya avisó que hará lo propio.
Comentarios